El Protocolo Fénix | Cuento Corto + Libro para Colorear en PDF
El Protocolo Fénix | Cuento Corto + Libro para Colorear en PDF
La alerta resonó en Neoveridia, rompiendo un clamor de sirenas que el Monte Fénix había mantenido en silencio durante décadas. Con solo diecisiete años, Elara se encontraba sola en la cabina del impetuoso robot Sigma 1, sintiendo su corazón palpitar al compás acelerado de la cuenta regresiva.
—Comando a Sigma 1: el magma está subiendo, el monstruo ha despertado. ¡Adelante, Elara! —resonó por la radio.
Una enorme compuerta se abrió sobre la metrópoli, revelando un abismo estrellado. Con un rugido ensordecedor, los propulsores del Sigma 1 encendieron su furia metálica y se elevaron hacia el cielo nocturno. Desde la plataforma, Elara observaba a Neoveridia resplandecer; para ella, la ciudad era más que un conjunto de edificios, era un latido constante que había jurado proteger a toda costa. «No tengo derecho a fallar», se repetía a sí misma mientras el frío de la noche la envolvía y su corazón se entrelazaba con el destino de su hogar.
Enfrentamiento en el cráter
El ascenso culminó en el cráter del volcán, donde el aire temblaba debido al intenso calor. Abajo, el lago de lava se transformó en un ojo llameante del cual emergió Magmatus: un coloso temible compuesto de roca fundida y vapores volcánicos, cuyo rugido hizo estremecer la armadura del robot.
—¡Ataque de plasma! —ordenó Elara.
Ráfagas de misiles y rayos de plasma golpearon el pecho del monstruo con la fuerza de un meteorito. Sin embargo, Magmatus apenas parpadeó; la magma de su pecho se regeneró casi al instante, cerrando la herida como si nada hubiese pasado.
—Elara, no está funcionando, ¡debes retirarte! —gritó la voz tensa del comando.
Pero Magmatus no dio tiempo a pensarlo. Lanzó un torrente de roca fundida que impactó directamente en el hombro izquierdo del Sigma 1. El dolor mecánico repercutió en el cuerpo de Elara, haciéndola estremecer en su asiento. Aun así, con la voz quebrada por el pánico y la furia, gritó hacia la pantalla: ¡No me iré!
El legado del creador
Magmatus avanzó rápidamente sobre el cráter, listo para propinar un ataque devastador. Sin el Sigma 1 en pie, Neoveridia quedaría a merced de la destrucción total. En medio de la desesperación, la joven recordó las palabras que su padre, el diseñador original del robot, le había dicho el día que le entregó la llave de poder: «La última opción es, en realidad, la primera. Solo utiliza el Protocolo Fénix si no queda otra manera de salvarlos a todos».
Decidida, la joven exclamó: ¡Protocolo Fénix activado! ¡Máximo poder!
La victoria sobre Magmatus
Al instante, un torrente de energía sobrecargó la estructura del robot. El Sigma 1 resplandeció con un intenso brillo carmesí y concentró toda su energía restante en una majestuosa espada de plasma. Elara lanzó un grito que parecía infundir su propia fuerza vital en el ataque. El robot arremetió descargando toda la potencia en el pecho de la criatura. La ráfaga destruyó el núcleo de magma de Magmatus, haciéndolo colapsar derrotado.
El silencio volvió finalmente al cráter. Exhausta y temblorosa, Elara inclinó la cabeza para tomar aire. El Sigma 1, dañado pero firme, se erguía en la cima como una estatua victoriosa. Abajo, en el horizonte, las luces de Neoveridia continuaban brillando a salvo.